Historia

El municipio de Abadía se encuentra situado al Norte de la provincia de Cáceres, en un próspero y fértil valle regado por el río Ambroz. Importante vía de comunicación natural entre las dos Submesetas, unido esto a su excelente clima y fertilidad, ha favorecido los asentamientos humanos. Su origen es aún incierto. Los restos arqueológicos más antiguos pertenecen a lo que probablemente fue una villa romana vinculada a la ciudad de Cáparra. Con posterioridad, los musulmanes se asentaron en el lugar, construyendo una fortaleza que se ha ido modificando con el paso del tiempo. Esto y el resto de las tierras quizás fueron donadas a la Orden del Temple.

En el siglo XII pasó a ser abadía cisterciense y en 1260 el Rey Alfonso X instituyó en ella señorío independiente de la Villa de Granadilla. Fue entonces cuando se construyó el pueblo actual. Con la llegada D. Fernando, el primer Conde de Alba de Tormes en 1444, el edificio se amplia y adecenta convirtiéndose en palacio. El recinto es destinado a otros usos, como residencia de recreo que, en alguna ocasión habría de hospedar a personajes tan prominentes como los Reyes Católicos, Juana "La Loca", o Felipe II. En el siglo XVI se construyen unos jardines manieristas excepcionales junto al Palacio por orden de D. Fernando Álvarez de Toledo, "el Gran Duque de Alba". Este espacio paisajístico es diseñado por un arquitecto italiano y decorado con numerosísimas fuentes y estatuas. El esplendor del vergel, creado con la intención de realzar la figura de su propietario, se magnifica al convertirse en un lugar de encuentro para humanistas del renacimiento. Con el tiempo el jardín se degrada y en la actualidad solo queda el tratamiento del terreno y algunos restos arquitectónicos.

En la historia de Abadía encontramos, también, la construcción del Convento de la Bien Parada en el S. XVII. Por el edificio pasaron varias congregaciones de frailes, destacando el hecho de que en sus instalaciones se impartiesen estudios de artes y teología. Este conjunto histórico-artístico, que debió ser magnifica obra de arquitectura conventual, conserva su fachada barroca y la arquería inferior del claustro como principales atractivos; su estado de conservación es ruinoso.

Por último señalar, que la grandeza abadiense de otrora se explica, en parte, gracias a la actividad de la trashumancia. En el municipio existe un tramo de la Cañada Real Soriana Occidental junto a la que se creó un Puerto Real para recaudar el servicio de montazgo-peaje que pagaban los propietarios de los rebaños por utilizar la cañada en sus desplazamientos. Los ingresos que generó dicho puerto fueron enormes.